El Madrid salió al Camp Nou con el rabo entre las piernas. Carlo, en una muestra excedente de respeto a un Barça en clara decadencia, decidió poner a Sergio Ramos en el centro del campo, como si fuera el cerebro del equipo. Si el Madrid tiene que confiar en el cerebro de Ramos para poder ganar, es que tiene un gran problema. El resto de la historia ya la saben, el peor Barcelona en años ganó a un débil Real Madrid, y esta vez nadie podía culpar a Arbeloa, así que la responsabilidad cayó sobre los hombros de Diego López. Cuando quizá la culpa fue de todos, incluyendo de la afición madridista, que parecía no ser consciente de que se estaba jugando "El Clásico."
Los blancos regalaron la mitad del partido, jugando con desidia y sin intensidad, y la otra mitad no supieron ganarla. Siempre nos quedara el ya habitual cada vez que pierde el Madrid "por lo menos le hemos puesto actitud" de Ramos, que cree que corriendo media hora y soltando esa frase lo arregla todo, cuando en verdad la actitud la pusieron otros. Precisamente esos capitanes que presumen tanto de actitud, trabajo y madridismo son los mismos que no se presentan al entrenamiento voluntario del día siguiente a la derrota.
Mención aparte merece que el once del Real Madrid fuera público más de dos horas antes del partido, proporcionándole así valiosa información al rival. Lo peor de todo es que no es la primera vez que se filtra la alineación y el club sigue sin tomar medidas al respecto.
Con todo ese panorama era imposible no acordarse de aquel equipo que no hace mucho se paseaba por el estadio rival humillando al enemigo, era imposible no acordarse de Mourinho. El mismo Mourinho que ahora lidera al Chelsea y que ayer ganó al City, con gol de Torres en el tiempo de descuento. El portugués volvió a mojarle la oreja a Pellegrini, como es habitual. Los blues, sin hacer un gran partido, se llevaron la victoria por la intensidad con la que juegan y por su mentalidad ganadora, esa mentalidad que sólo tienen los equipos de Jose, justo lo que le faltó al Madrid el sábado. He de reconocer que yo salté y grité con el gol de Torres como no pude hacerlo con los del Madrid el día antes. Me invadió la nostalgia a la vez que la euforia mientras veía como Mou se subía a la grada para celebrar el gol de la victoria con su afición. Yo antes de la vuelta de Jose a Londres era del Chelsea, ahora soy chelsista (no me malinterpreten, el Madrid por encima de todos y de todo). Mourinho aporta tanto a sus jugadores como a su afición intensidad, ilusión y pasión desenfrenada por su club. Es capaz de volvernos algo más salvajes y dementes, que es lo que enamora del fútbol. Y eso es lo que nos hace falta a los madridistas, que nos ilusionen, que nos den nuestra dosis de madridismo salvaje en vena.
@PaulChristian7











