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sábado, 13 de julio de 2013

Un menester llamado españolía.

El español ha vuelto a la normalidad después de 3 años convulsos. El verano ya está aquí y él ya puede acostarse a la una de la madrugada, después de un día de playa y chiringuito; de cervezas y chistorras, a escuchar 'El Larguero'. Puede oír cierto sosiego en las voces de los periodistas, que comandan de nuevo este transatlántico arcaico y medio roto, después de las batallas que se libraron en él, llamado Real Madrid. Ya puede escuchar a Roberto Gómez hablar sobre el señorío, la españolía y más milongas que el Real Madrid, según ellos, ha recuperado; y que fueron inventando durante estos últimos 36 meses. El español vuelve a levantarse a las nueve de la mañana de su pétrea cama de hotel de tres estrellas, se dirige al quiosco más cercano y compra el As mientras se toma su birra diaria clavando su mirada en su recién comprado periódico. Disfruta. Es feliz. Ha vuelto el señorío, las aguas están tranquilas después de la desaparición de aquél personaje, fruto de un perfecto cóctel entre Atila, Poseidón y Zeus. La humildad se impuso a la procacidad.

El español ya sabe que los años de tardofranquismo han finalizado; así que siguiendo el inventario pipero, ya se aventura a cimentar las que serán las nuevas bases de una Constitución que poco éxito tuvo antaño, pero que tanto han añorado últimamente. Entre los nuevos fundamentos, se ensalza a las personas que sean españolas, por mucho que jueguen en el Matalascañas 'C'. Los croatas son muy feos, los italianos defensivos y los alemanes muy físicos. Ser español parece ser una prebenda, un requisito indispensable para jugar en el Real Madrid. Plagar al Real Madrid de españoles se ha convertido en menester, por la nostalgia que produce a los comepipas ese borroso recuerdo de un Real Madrid con olor a añejo, cien por cien español y en el que predominaba la presencia de canteranos. El buen jugador está minusvalorado, por encima está un jugador que lleva 50 partidos en Primera División y que en su DNI porta la bandera española.

Existen ocasiones en el que el jugador español ofrece un rendimiento paupérrimo y demuestra que no tiene nivel para jugar en el Real Madrid, pero cuando la prensa deportiva patria se encuentra con este caso, intenta encubrir el fútbol del jugador y crear una causa, un motivo por el cual esta persona no ha podido ofrecer un rendimiento óptimo. Es el caso de Pedro León, un chico de Murcia que filtraba mejor que pasaba el esférico. El chico fue un fichaje de cronistas, como los llamo yo, que consiste en comprar a jugadores que adquieren un estatus y un renombre en el panorama futbolístico gracias a los comentarios positivos e hiperbolizados que escriben sus compadres desde sus respectivos periódicos. Esto produce la atracción de clubes cada vez más grandes, que invierten un dinero. Y claro, incrementa la presión al chaval, que consigue desmarcarse un poco con las súper-notas que recibe en cada crónica de partido. La prensa ofrece un trueque psicológico: tú me filtras, yo te hincho, hablando siempre en términos futbolísticos. Cuando el club que le paga se da cuenta de que ha efectuado un fichaje de cronistas, se apresura a venderlo. Y asumiendo todas las consecuencias, como en ese caso hizo José Mourinho. Parecía que hablaban de un prófugo, perseguido por un acosador laboral innato. Incluso buscaron algún punto de la Constitución para meter al entrenador entre rejas. Ya ven, por no querer ponerlo de titular.

Luego, uno se topa con el caso de futbolistas que gozan de un gran caché en el panorama internacional, pero que ven alterado su ser, estar y manera de patear el balón por culpa de esos arrebatos de periodismo de investigación que de repente les entra a los periodistas deportivos (siempre y cuando, recordemos bien, estemos hablando de un futbolista no español). Les da por rebuscar por los matojos de su intimidad para desestabilizar al tipo y provocar así un ambiente irrespirable en su propia hinchada. ¿Les suena la palabra división? La crítica rápida y fácil, el minusvalorar al futbolista por el mero hecho de ¡¡pillarle fumando!! y ese repentino sentimiento de nostalgia al Madrid más español de todos. Un menester llamado españolía. "El Coentrao ese lo hace mú mal, o eso dice el Santi Segurola, que es el Messi del periodismo. Un españó lo haría mil veces mejó." Es una cita que es muy probable que escuchen en cada bar o chiringuito de playa este verano. Y más cuando un acontecimiento personal te impide ver que el rendimiento del jugador está siendo notable. Coentrao es un jugador más que cumplidor, es un seguro defensivo y que tiene un tímido recorrido, pero potenciable.

La temporada de 2012-13 ha sido muy buena, pero su nacionalidad y su intimidad parecen ser un gran obstáculo para que pueda jugar en el Real Madrid. Involución. Y más teniendo en cuenta que el hombre jamás ha tenido una salida de tono, ni ha protagonizado ningún escándalo. ¿Precio? 30 millones. Caro, sí. Pero hay que tener en cuenta que vino después de ser proclamado el mejor lateral izquierdo del Mundial de Sudáfrica. Palos y palos al Madrid, claro. Pero, precisamente hoy, se ha oficializado el fichaje de Asier Illarramendi, ya ex-futbolista de la Real Sociedad. ¿Precio? 32 millones. Caro, sí. ¿Críticas? 0. Ah, coño, habrá que remitirse a su nacionalidad. Y habrá que decir que, igual que pasó con Coentrao en el Mundial, viene de hacer un Europeo sub-21 de escándalo. Y creo que es un jugador con condiciones para triunfar aquí. La comparación Coentrao-Illarramendi -dejando a un lado que juegan en posiciones distintas-, servirá como el mejor ejemplo para autenticar mi teoría.

Estamos ante una serie de episodios de racismo, de poco conocimiento futbolístico, de falta de consideración y de una carencia clarividente de vergüenza y respeto. El periodismo deportivo patrio es la mayor basura que limpiar, pero parece que cada vez brilla más por su abundancia.

@CarlosRojasRuiz

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